lunes, 21 de noviembre de 2011

Limpieza a la "ensalada"...

Hace algún tiempo mi amigo Villi, me comentó que una forma fácil de que las monedas elongadas (u otras de cobre oscurecido) volvieran a brillar, era sumergirlas en una mezcla de vinagre rebajada y sal durante unos segundos. Lo probé y como realmente funciona, he seguido utilizando esta solución, a la que he bautizado como "ensalada", desde entonces. A todas las personas que me han preguntado algún modo simple para limpiar las monedas elongadas, se lo he contado y decidido a saber el porque de su eficacia, le pedí a mi amigo Fer (Gomobel), editor de Electrones Excitados a la vez que coleccionista numismático, que nos explicara la lógica química que tiene la "ensalada". Os dejo a continuación su exposición literal, que no tiene desperdicio. Gracias Fer.
Las monedas de cobre, por contacto con el oxígeno, pero sobre todo con la humedad del aire, tienden a oxidarse y a formar sobre ellas una capa de suciedad. Esta capa son, en realidad, óxidos e hidróxidos de cobre. La "ensalada" puede ayudarnos a limpiarlos gracias a dos de sus ingredientes. En primer lugar, el vinagre tiene mucho ácido acético (es lo que le da su característico olor amargo). Como tal "ácido", tiene una gran tendencia a corroer los sólidos. Tiene el mismo efecto que el salfumán, por ejemplo, pero es muchísimo más suave (no digamos ya si lo rebajamos con agua). El ácido, pues, corroe la superficie de la moneda, arrancando sus primeras capas y llevándose tras de sí el feo óxido de cobre. En segundo lugar, entra en juego la sal. Como quizás recordéis del cole, la sal es cloruro de sodio. El sodio poco tiene que hacer aquí. Pero el cloro sí puede ayudar. Puede hacer que el óxido de cobre se transforme en cloruro de cobre, otra sal. Las sales de tipo cloruro son mucho más solubles y podrán eliminarse de la superficie de la moneda con el simple paso de un paño o del propio agua de la "ensalada". Por último, decir que para conservar bien las monedas lo ideal es usar cartoncitos adhesivos, para minimizar la cantidad de agua y oxígeno del aire que entra en contacto con la pieza. Otra solución que leí hace tiempo pero no he probado, es el uso de parafina o cera de abeja. En caliente, las ceras son líquidas (¿quién no se ha quemado nunca llevando una vela?). En frío, son sólidas. Si sumergimos la moneda en cera, al sacarla la cera solidificará formando una capa sobre la moneda que la protegerá del ataque de los agentes atmosféricos.